Acaso
debe ser este espacio que me lleva a escribir, a transmitir lo que siento.
O
debe ser causa y efecto de la música que consumo, que me lleva a reflexionar, a
revolver en ideas locas y recuerdos que parecen presente. O más bien, el
momento único de colocar la cabeza sobre la almohada y generar conversaciones
con uno mismo. No hay momento más íntimo, más genial que ese. Repasar,
recordar, lamentar, reír, llorar, imaginar, proponerse, soñar...
Últimamente
todo me lleva a un mismo lugar, un lugar donde no debería estar. Los
pensamientos son confusos, casi indescifrables. Creo que mi corazón se esta
metiendo en asuntos donde no debe.
La línea entre la realidad y la fantasía se
vuelve casi imperceptible, y hay un sueño que se repite: aquel que en algún
momento me llevo a sus brazos, hoy me aleja de lo real.
Hay momentos en la vida,
en los que los sentimientos no deben entrometerse,
se deben dejar de lado:
dificultan, impiden, aprietan, asfixian.
Considero fundamental, actuar con
inteligencia.
Pero… ¿quien dijo que “actuar con inteligencia” no es hacerlo a
partir de lo que uno siente?…
Hete aquí, mi confusión
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